Ciertamente que uno de los problemas sociales más graves del puerto, es el de la juventud que extravía la senda de su realización personal y la integración social, causando ostensible malestar y daño a la sociedad; a las personas y bienes.
Este infortunio antes que decrecer en nuestro medio, se ha venido incrementando en las narices mismas de sucesivos gobiernos locales.
La más reciente experiencia gubernamental en esta materia, nos indica que el ente municipal ha terminado por desplegar sin equívocos, una política claramente contemporizadora con semejante calamidad social. Es decir, el mensaje oficial trasmitido ha sido el de una rara aleación entre permisividad disimulada y complicidad manifiesta.
Se trata de un desafuero con aires de gran obra; sobre el particular abundan los decires y anécdotas en boca de nuestras gentes que re-crean este monumental y pintoresco desacierto, que sumados a un sin número de alcaldadas y groserías, ilustran la ralea de nuestra fauna de politicastros.
Ahora, antesala de las fiestas decembrinas, aún sin posesionarse el nuevo alcalde (electo), ocurre un lamentable hecho de sangre en el que la víctima mortal fue uno de esos desafortunados jóvenes, mientras dos más resultaron heridos. Esto pudiera estar anunciando, desde los territorios de lo sórdido, que la ley del péndulo empieza a marcar otra etapa, otro tiempo. Lo aciago reforzado.
Corresponde, sin dilación alguna, al nuevo gobierno municipal, pronunciarse sobre este sensible asunto, incluso ojalá antes del 1° de Enero del 2016. Y dejar absolutamente claro cuál va a ser su conducta política sobre tan delicada problemática. No es recomendable dar tiempo al ejercicio de la especulación.
A propósito, encarar la difícil situación en que se debate un importante sector de nuestra juventud, atenazada por la marginalidad, la droga, el pandillaje y la carencia de horizonte, de esperanza, reclama hondo conocimiento interdisciplinar, cero prejuicios, sensibilidad y sentido de lo humano, así como contemplar estrategias posibles de re-establecimiento de las condiciones precedentes y recuperar para la vida (saludable) y la sociedad a los jóvenes víctimas o prisioneros de ambientes degradados, profundamente contaminados.
Desde esta razonable perspectiva, es falso como criminal, considerar que frente a la equivocada propuesta contemporizadora respecto a las galladas de jóvenes drogadictos y pandilleros que incurren en atracos y otros delitos allende, la necesaria salida sea la de la mano gatillera ejercida por sicarios a sueldo, edulcorada como “limpieza social”. De ninguna manera.
No sería primera vez que en tolú se hiciera propaganda a la salida criminal, ni primera vez que tan deplorable accionar se haya experimentado para retroceso moral de la sociedad; no es solución sino horror y miedo que esconde y pospone el problema y su solución.
Cuando andamos avanzando lejos en la senda constructora de la Paz y, ad puertas estamos del acuerdo definitivo que le ponga fin a una guerra interna casi centenaria, perfilándose el periodo llamado post-conflicto, corresponde coherentemente emprender, abrazar proyectos sociales, humanos, que contemplen las diversas dimensiones, los componentes múltiples de los complejos contextos de nuestra realidad (conflictiva), y con persistencia y responsabilidad política afrontar integralmente la actual situación de descomposición y degradación de nuestra juventud, especialmente la más vulnerable por factores tales como: pobreza, marginalidad, desempleo, fractura de hogares y deserción escolar, entre otros.
Justamente tal objeto ha de ser la razón de la política. Y por el abordaje exitoso de estos problemas, se ha de entender la práctica política que lucha por acceder al gobierno, al aparato de Estado y, desde éste y con el apoyo de los ciudadanos, generar las trasformaciones que se requieran para bienestar de los asociados.
De no ser así, ¿para qué aspirar a gobernar?.
Ramiro del Cristo Medina Pérez
Santiago de Tolú, semana última de noviembre 2015
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